A veces,
busco el olvido.
No el olvido de mi pensamiento,
si no el olvido de los demás.
Me abrazo a la soledad,
y abro la puerta,
del silencio absoluto.
Nada que oír,
sin querer sentirlo,
nada que ver,
sin querer percibirlo.
Solo quiero acomodar,
mi espalda en una vieja corteza,
sentarme en el cojín de hojas secas,
de un árbol situado allí al azar.
Sentirme libre con el viento,
que acaricia mi cara,
susurrándome al oído,
el canto de los pájaros en libertad.
Oler la verde hierba fresca,
húmeda por la escarcha.
Cerrar los ojos,
y dejar pasar el tiempo,
al mismo paso,
que las nubes pasean,
por el cielo,
haciendo intermitente,
la presencia del sol.
18-11-10
No hay comentarios:
Publicar un comentario